Dedicación de un escritor: Alvaro Ique
Si no fuera por "LOS CABALLOS BLANCOS DE ALFONSINA STORNI EN EL FONDO DEL MAR"; las gárgolas, cronopios y famas de Julio Cortázar dónde estarían y los cuentos de amor, locura y muerte de Horacio Quiroga, estarían destejiendo recónditas alevosías del pasado reciente.
Alfonsina Storni sobrevivió al invierno que anida en el sol, y sólo cuando la vida fue un estorbo hizo lo que debía hecer sin más aleteos: envió el poema "Voy a dormir" al periódico La Nación y se lanzó al mar. Y surgió la leyenda desde la canción popular "Alfonsina y el mar", en la voz de jardines estragados de Mercedes Sosa, cantora universal de los milagros arrebatados a Dios (que el cielo me perdone y el infierno me ampare).
-¿Alfonsina Storni tiene que ver con Silvia Diez izquierdo? -preguntó el hombre airoso, bien trajeado, contemplando el lago Leman.
-Sin duda alguna. Y no arrimes más dudas -contestó un pampeano con ojos de lince y cuerpo de sal- y continuó, "ambas son pocitos del alba, ortos de la memoria que nos dejan inermes y sin escapatoria".
Cafrune habría dicho, "ambas: Alfonsina y Silvia son seres de luz".
Dicho de este modo, mi noción acerca de la certidumbre humana parecería un anticipo del desamparo. Pero no. Prefiero que se vea -que lo presientas e intuyas- como un atrevimiento tenaz y una impertinencia educada. A guisa de ser todo esto, no me retracto ni en la forma ni en el fondo de la palabra, menos aún; en la esencia de mi ser (sólo que alguien arranque de raíz mi nombre). ¿Por qué? En materia de seres humanos y asuntos vespertinos que tienen que ver con el coloquio creí haber visto, escuchado y disfrutado todo. No es asi. Y me alegro.
La vida piola y escombrera nos tiene reservado maravillas que nos dejan con el alma renovada: Personas como tú, Silvia, bien vale el cielo primordial -decirles/decirte- lo esencialísimos que son en este valle de harapos y miserias del alma. Eres un ser que no deja nada para sí. Esa es mi impresión. No se trata -de mi parte- de generosidad y cortesía citadinas. A ojo de buen cubero eres "Restauradora Incanjeable de la Vida" sin vereda y sin tiempo para las estrellas detrás de los huesos cansados.
La gente debería acostumbrarse a decir lo que siente ya que al morirnos, esa carga sideral -aquello que no se dijo al prójimo- no sirve de combustible ni nada parecido, ya que en el infierno hay suficiente leña para arder eternamente (me lo dijo Epifanio Arúgula, el Señorito de Murcia, en una francachela, allá, en Badajoz).
El bajío y el arrabal me hacen. Vengo del arroyo y del camino. Me junto con ruines, crápulas, carantamaulas y otros seres descangallados
-yo soy uno de ellos-. Todos los días bebo un cáliz de sílice, pero el Dios de los cristianos me otorga confines afables y atrayentes; solo asi es posible conocer presencias tácitas como quimeras, como alegorías vívidas de la existencia y como mazazos de felicidad. ¡He ahí los seres de luz con capa y espada!
Silvia, quiero imaginarme en este instante que "(mandrágora) Morgana en los Infiernos" y "Cartas desde el Mar", están acunados en tus manos, o más temprano que tarde, en las cumbres o abisales del tiempo, llegarán como el viento: de sopetón; de manos de nuestra adorable Luisa o Flor de la Pasionaria que es lo mismo.
Con admiración y respeto. Un mar de afecto,
Álvaro Ique a Silvia Izquierdo SW Florida
Alfonsina Storni sobrevivió al invierno que anida en el sol, y sólo cuando la vida fue un estorbo hizo lo que debía hecer sin más aleteos: envió el poema "Voy a dormir" al periódico La Nación y se lanzó al mar. Y surgió la leyenda desde la canción popular "Alfonsina y el mar", en la voz de jardines estragados de Mercedes Sosa, cantora universal de los milagros arrebatados a Dios (que el cielo me perdone y el infierno me ampare).
-¿Alfonsina Storni tiene que ver con Silvia Diez izquierdo? -preguntó el hombre airoso, bien trajeado, contemplando el lago Leman.
-Sin duda alguna. Y no arrimes más dudas -contestó un pampeano con ojos de lince y cuerpo de sal- y continuó, "ambas son pocitos del alba, ortos de la memoria que nos dejan inermes y sin escapatoria".
Cafrune habría dicho, "ambas: Alfonsina y Silvia son seres de luz".
Dicho de este modo, mi noción acerca de la certidumbre humana parecería un anticipo del desamparo. Pero no. Prefiero que se vea -que lo presientas e intuyas- como un atrevimiento tenaz y una impertinencia educada. A guisa de ser todo esto, no me retracto ni en la forma ni en el fondo de la palabra, menos aún; en la esencia de mi ser (sólo que alguien arranque de raíz mi nombre). ¿Por qué? En materia de seres humanos y asuntos vespertinos que tienen que ver con el coloquio creí haber visto, escuchado y disfrutado todo. No es asi. Y me alegro.
La vida piola y escombrera nos tiene reservado maravillas que nos dejan con el alma renovada: Personas como tú, Silvia, bien vale el cielo primordial -decirles/decirte- lo esencialísimos que son en este valle de harapos y miserias del alma. Eres un ser que no deja nada para sí. Esa es mi impresión. No se trata -de mi parte- de generosidad y cortesía citadinas. A ojo de buen cubero eres "Restauradora Incanjeable de la Vida" sin vereda y sin tiempo para las estrellas detrás de los huesos cansados.
La gente debería acostumbrarse a decir lo que siente ya que al morirnos, esa carga sideral -aquello que no se dijo al prójimo- no sirve de combustible ni nada parecido, ya que en el infierno hay suficiente leña para arder eternamente (me lo dijo Epifanio Arúgula, el Señorito de Murcia, en una francachela, allá, en Badajoz).
El bajío y el arrabal me hacen. Vengo del arroyo y del camino. Me junto con ruines, crápulas, carantamaulas y otros seres descangallados
-yo soy uno de ellos-. Todos los días bebo un cáliz de sílice, pero el Dios de los cristianos me otorga confines afables y atrayentes; solo asi es posible conocer presencias tácitas como quimeras, como alegorías vívidas de la existencia y como mazazos de felicidad. ¡He ahí los seres de luz con capa y espada!
Silvia, quiero imaginarme en este instante que "(mandrágora) Morgana en los Infiernos" y "Cartas desde el Mar", están acunados en tus manos, o más temprano que tarde, en las cumbres o abisales del tiempo, llegarán como el viento: de sopetón; de manos de nuestra adorable Luisa o Flor de la Pasionaria que es lo mismo.
Con admiración y respeto. Un mar de afecto,
Álvaro Ique a Silvia Izquierdo SW Florida



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